Publicado por Miguel Jara el 8 de Febrero de 2010
Me escribe un médico catalán seguidor del blog para comentarme que este
fin de semana pasado ha tenido lugar en Barcelona una convención para
hablar sobre el mal, la delincuencia asociada al mismo y las posibles enfermedades que están relacionadas con el mismo.
Independientemente de lo que se dijera en dicho evento, que desconozco,
apenas sé algunas cosas por la prensa y me han parecido interesantes
(como que la crisis económica puede generar estas situaciones de “colapso” y malestar vital como consecuencia de la precariedad)
me parece oportuno reflexionar sobre la patologización de todo,
consecuencia de la medicalización de la vida a la estamos sometidos. Ya
digo que esta no es una crítica al evento en sí sino que reflexionamos
gracias a lo que nos ha evocado el tratamiento que han dado algunos
medios catalanes sobre el mismo.

Hace unos días en un congreso de Psiquiatria en Barcelona se produjo una
transcendente declaración, recogida por casi todos los medios de
comunicación, que constituye el inicio de un proceso de gestación que
puede dar lugar a importantes cambios en nuestra sociedad. Nadie hasta
ahora parece haberse dado cuenta de la amenaza.
En síntesis, se trata de la exposición por parte de reconocidos e
importantes psiquiatras de una hipótesis según la cual, personas con
conductas que la mayoría de la sociedad clasificaría como “malas”, en
realidad podrían ser víctimas de una enfermedad.
Sospecho que algunos de los psiquiatras de la Asociación Americana ya están
buscando una denominación corta o unas siglas para este mal y
reservando un código para la próxima revisión del DSM-IV y. Y es
posible que ya estén pensando sobre cuales serian los criterios mayores
y cuales los menores para llegar al diagnóstico. También se habrán
comunicado con alguna multinacional del medicamento pera ver que
fármaco, probablemente uno nuevo en la familia de los antipsicóticos
atípicos, seria el más adecuado para estos pacientes.
Todos sabemos lo que es el DSM-IV ya que ninguno de nosotros escaparíamos sin
diagnóstico de las enfermedades y transtornos que contienen sus
páginas. Tal es su forma de “medicalizar” es decir de hacer
“patologizar” nuestros rasgos de personalidad, nuestras respuestas ante
los diferentes problemas de la vida o nuestros déficits afectivos.
También conocemos el grado de implicación que tienen sus revisores con
las industrias multinacionales del medicamento.
Realmente la Psiquiatria es una especialidad que se mueve constantemente en la en
la incertidumbre. No dispone de elementos objetivos, es decir
cuantificables, de diagnóstico. Se mueve en la más pura subjetividad
del paciente i del psiquiatra. Alguien podría esgrimir los tests y
cuestionarios como elementos de medida, pero desafio a la persona más
sana mentalmente a que responda el famoso test de personalidad MMPI dos
veces en un dia y que el nivel de coincidencia consigo mismo en las dos
pruebas sea significativo. Por ello se ha convertido en una importante
línea de negocio de las multinacionales y no solamente en más y más “me
too” (más de lo mismo) en casi todos los campos (antidepresivos y
antipsicóticos principalmente), sino que han ido más allá recomendando
indicaciones fuera de la ficha técnica como en el caso de muchos
antiepilépticos modernos a los que la indicación clásica no daba el
número suficiente de pacientes para hacer negocio y se inventaron
acciones relacionadas con estos fármacos como “moduladores del estado
de ánimo o moderadores de la impulsividad, etc.”. Muchos profesionales
ingenuos pero de buena voluntad han llegado a creer estas historias
creadas y extendidas por numerosos líderes de opinión sin ninguna
ingenuidad y con no tan buena voluntad, especialmente del otro lado del
océano.
En los últimos tiempos a las multinacionales les están creciendo los
enanos: se están demostrando eficacias muy bajas e incluso nulas y
efectos secundarios graves en muchos productos (antidepresivos,
antipsicóticos, fármacos para el Alzheimer, etc.), y las novedades
(escitalopram, duloxetina, parches de testosterona para mujeres,
inhibidores de los receptores de melatonina, etc.) que han lanzado con
gran inversión en marketing como “medicamentos de última generación”
parece que no dan los resultados que esperaban. Por ello necesitan
alguna idea brillante que pueda alegrar a los bolsillos de los
inversores.
Si cerramos los ojos por un momento y pensáramos sobre qué pasaría si un
dia parte de nuestra sociedad llegara a creer, por la inducción
interesada de la industria, en la existencia de una enfermedad que
provocara en las personas afectadas una mala conducta, se nos abrirían
muchos interrogantes:
¿Quién pone la etiqueta de “poseído por el mal”?, ¿El psiquiatra? ¿Con qué
criterios? ¿Con qué test?: por ejemplo ¿cuando era niño le quitaba las
patas a las hormigas? ¿quitaba las novias a sus amigos? ¿engañaba a sus
padres fumando a escondidas? O por el contrario: ¿maltrata a su mujer?
¿roba en su empresa? ¿engaña a hacienda?
¿Quién les quitaría la etiqueta del mal y cuando? ¿Podrían curarse? ¿Quien les
quitaría la “mala fama” social adquirida con el diagnóstico?
¿Supondria un factor eximente de responsabilidad en la comisión de un delito?
¿Sería una nueva herramienta para el abogado defensor del delincuente?
¿Cuál sería entonces la función de los jueces y los jurados? ¿Los
genocidas, los pederastas, los terroristas pasarían unos meses en un
psiquiátrico tomando pastillas antes de salir en libertad?
¿Cuál sería el trato que la sociedad reservaría para estos “enfermos”? ¿Y las
familias, compañeros y amigos? ¿Se les obligaría por ley a hacer
tratamientos aunque no estuvieran de acuerdo con los mismos? ¿Seríamos
todos “un poco” malos?
¿Se trataría de una enfermedad hereditaria? ¿Tendría una base biológica?
¿interferiría la función de neurotransmisores sobre los receptores
específicos del mal de nuestros cerebros? ¿habría que detectarla
precozmente en niños? ¿En la sociedad del futuro no habrían personas
malas?
Es curioso que ahora que la iglesia ha perdido, en gran parte y
afortunadamente, su influencia en “nuestras almas” aparezca ahora un
nuevo movimiento social conducido por psiquiatras que intente decidir
lo que es bueno y lo que es malo y que además tenga la potestad de
curar a los malos haciéndolos buenos con unas pastillas.
Mi miedo es que todo esto que no pasaría de un mal argumento para una
novela de ciencia-ficción, pueda estar en la mente de alguien con poder
que pueda estar ya empezando a creer también en sus posibilidades como
línea de negocio.
En los últimos lustros se han ido extendiendo hipótesis (en algunos casos consolidadas) según las cuales hay personas con conductas que la mayoría de la sociedad clasificaría como “malas” y que en realidad podrían ser víctimas de una enfermedad. Puestos a consultar con algún colaborador, Josep M, médico de familia, me comentaría medio en serio medio en broma:
Continuar leyendo: http://www.migueljara.com/2010/02/08/la-enfermedad-del-mal/