
Desde hace años, la comunidad científica está alertando que una mala alimentación, especialmente aquélla con exceso de grasas saturadas, está provocando un aumento de la obesidad y el sobrepeso y de otros factores de riesgo cardiovascular, como el colesterol elevado y la diabetes. Por ello, cada vez son más los expertos que abogan por una reeducación de la población hacia la recuperación de la esencia de la Dieta Mediterránea y el consumo del aceite de oliva como principal componente graso en nuestra dieta.
De hecho, el éxito de la Dieta Mediterránea se basa en su equilibrio: aporta la proporción idónea y equilibrada de cereales, verduras, frutas, carnes, pescados y lácteos necesaria para el organismo, con el aceite de oliva como fuente de ácidos grasos monoinsaturados. Además, el uso del aceite de oliva tanto para cocinar como para aderezar alimentos, ofrece al consumidor todos los beneficios saludables del tan preciado “oro líquido”: desde la prevención de algunos factores de riesgo cardiovascular, hasta el retraso del envejecimiento o la prevención de algunos tumores.
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